miércoles, 21 de enero de 2009

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Caza en el Queguay

Y es que el "Yayo" tiene bien ganada su fama de cazador al no dejar pasar ni al más mentado jabalí que ande en la vuelta. Su continuo trajinar durante tantos años detrás de los chanchos lo ha llevado a ser hoy, no sólo un gran conocedor de muchos recónditos lugares y excelente cazador, sino algo más importante aún: un buen amigo.



Nosotros, sabedores de estos dones, no dudamos en llamarlo cuando de cacerías por aquella zona se trata, para que el hombre nos dé sus puntos de vista sobre los lugares a ir, sus opiniones de dónde se dan las posibilidades más grandes de encontrar pasadas, apostaderos y algo que los cazadores de chanchos valoramos una enormidad "saber a ciencia cierta si el dato es bueno". Esto por suerte nos ha llevado a tener grandes aventuras, a veces solos y otras junto a él, ya que en más de una oportunidad nos hemos encontrado mateando junto a un fogón o compartiendo buenas cacerías.



Hace muy poco, en uno de mis viajes al interior, tuve la oportunidad de hacerle una "visita de médico" (por lo corta) y grande fue mi sorpresa cuando al llegar a su casa me encontré con dos grandes jabalíes colgados esperando turno para pasar a ser factura. El abrazo al amigo y a su familia y el inmediato cuento de lo sucedido fue todo uno:



"Fuimos llamados de la Estancia La Nueva sobre las costas del Río Queguay porque los jabalíes estaban haciendo unos estragos bárbaros en la majada. Nos reunimos como siempre en mi casa:JavierTelesca, Mario Cerpa, Mingo Ferroz y yo, para salir el sábado de madrugada y llegar a las 8 de la mañana al campo donde el capataz ya nos esperaba. Con la conversación mantenida con él, elemental para comenzar bien una cacería, nos hicimos hacia la costa con los datos de dónde comenzar a buscarlos y en qué potreros estaban comiendo. Al llegar al monte y luego de largar los perros nos pusimos a hacer un "churrasco rápido" para luego sí, con la buena "picadita previa", entrarle de Ueno a la cacería.



Caza de Jabalí en el Queguay



El monte del Rio Queguay, digo para el que no lo conoce, debe de ser uno de los lugares más bonitos en cuanto a naturaleza, flora y fauna se refiere. Hay zonas donde el propio monte se hace muy ancho, 15 km más o menos entre el Queguay Grande y el Queguay Chico, de "selva" más que de monte y en donde se pueden encontrar las especies más variadas de buchería y vegetación.



A esto hay que agregarle unas fabulosas lagunas escondidas, pajonales impenetrables, bañados infranqueables y monte y más monte, algunos muy altos, en donde se puede caminar por horas y también perderse hasta el más baquiano. Es evidente que para los chanchos son lugares especiales.



Pero ya en plena batida y enseguida de salir del campamento encontramos pisadas bien frescas. Corriendo con la ventaja de conocer muy bien el lugar, de inmediato me la jugué diciéndole a todos: "están en el sarandisal" y hacia allí nos largamos.



Al llegar los rastros confirmaban mi teoría y la perra Diana, muy veterana en estas Hdes, de inmediato se puso muy nerviosa y se ganó rastreando y venteando derecho al centro del mismo. Ya con ella dentro no teníamos dudas de que los encontraría.



Es quizás éste, a mi gusto, el momento más esperado por un cazador. El silencio, la espera, la intriga de saber si estarán o no, el repaso en pocos segundos de las opciones de escape, de los lugares en donde están nuestros compañeros de cacería, y de sentir el orgullo de tener buscando a un perro que se maneja bajo nuestras propias enseñanzas. Y luego por fin el ladrido seco y fuerte que alertó a toda la perrada que se mandó de cabeza para armarse el tal entrevero.



No hubo dudas de que era un padrillo ya que la lucha era encarnizada y los quejidos esporádicos de los perros cuando el colmillo hacía su trabajo eran tremendos.



Nos costó llegar al agarre debido a la gran mugre que había, pero luego del esfuerzo me le pude arrimar para entrarle con la daga por atrás de la paleta y así terminar con sus destrozos.



Ya más tranquilos y mientras sacábamos los perros de la presa noté que faltaba la perra Diana. Buscando la encontramos pero lamentablemente lastimada, ya que el padrillo antes de caer derrotado había logrado cortarla más feo que a otros tres. Allí mismo hicimos la primer curación y allí mismo la cocimos donde las heridas se veían peor, es muy importante llevar siempre encima implementos para primeros auxilios.



Corté la manga del buzo y la vendamos con eso que era lo único que teníamos a mano para luego atenderla mejor, botiquín mediante, en el campamento.



Y en eso estábamos cuando los perros volvieron a avanzar dentro del sarandisal. Resultó que un poco más alejado del lugar donde habíamos agarrado el primero y quieto como recién operado se encontraba otro padrillo.



Para éste la cosa fue al revés ya que peleando y corriendo junto a los perros, se salió del sarandisal al limpio en donde no le fue tan bien como esperaba ya que Javier se le fiíe arriba para terminar también a daga con otro problema para el campo.



Luego de tener a los dos mocitos agarrados, la pregunta del millón fue ¿y cómo llevamos estos dos brutos animales hasta el campamento?.



La única solución que encontramos fue arrastrados hasta el Río y echarlos al agua sin abrir, para llevarlos por éste, medio flotando, atajados por la bajante debido a la sequía.



Hicimos 3 km por el mismo para llegar, con la tardecita arriba, al lugar en donde los sacamos hasta la orilla del monte. Allí sí, los abrimos y nos fuimos al campamento que nos quedaba a otros 5 Km por campo traviesa.


Cuando llegamos entre la atención a los perros, el cansancio y el merecido brindis, bastante prolongado por cierto, caímos rendidos.


Al otro día arrancamos temprano en la camioneta cruzando campos hasta dos cuadras antes a donde los porcinos nos esperaban "estirados". Sacamos fuerzas de flaqueza, los echamos al hombro y los arrimamos hasta la ansiada locomoción en donde creímos que las 2 cuadras se habían transformado en 2 km.



En la estancia la algarabía fue mayúscula al ver, por lo menos, a 2 de sus grandes problemas solucionados.



La despedida con los amigos del campo y la promesa de volver ni bien llamaran por otro caso igual quedó firmada. Comenzando el lento regreso a Tacuarembó para llegar a casa y estar tratando de mandarnos, entre tinto y tinto, una buena chorizada.



Así es que el hermoso Río Queguay sigue dando grandes padrillos; preocupación más que importante para los productores de la zona, pero sabedores que el respaldo de los cazadores de jabalíes estará siempre presente.



Un saludo para todos, en especial al 'Yayo" y toda su familia, y será hasta la próxima si Dios quiere.

lunes, 19 de enero de 2009

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La empuñadora del cuchillo del cuchillo de caza

Es de madera laminada, lo que aparte de darle un toque de vistosidad, la hace más fuerte a la hora de uso rudo de campo. Su forma anatómica llena muy bien la mano y da una sensación de seguridad al empuñarle. Dada su constitución se puede decir que es perfectamente ambidiestra.



En los extremos de la empuñadura encontramos la defensa y en su polo opuesto el pomo o monterilla metálico.



Características de la empuñadora del cuchillo de caza Bowie



Estos cumplen a la perfección con su cometido, pues la defensa es amplia e impide de forma efectiva que la mano se desplace hacia el filo con el peligro que esto encierra. Esto se agrava más aún si está engrasada o húmeda.


Este tipo de accidentes es común con los cuchillos finlandeses, pues carecen de defensa o guarda, siempre recordaré un caso donde un amigo se practicó un corte horripilante en todos sus dedos sobre la segunda falange.

viernes, 9 de enero de 2009

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La caza Mayor

Los preparativos, los cambios de opiniones, el reparto de tareas, el traslado, llegar al establecimiento, las relaciones públicas, el armado del campamento, el rastreo previo, las observaciones del terreno, más los pálpitos correspondientes, tienen su culminación en el segundo definitorio, como hemos dicho muchas veces "llegó el segundo de la verdad". Es el instante del disparo, la pequeña fracción de tiempo en que éste se produce es decisiva.



Todo puede tornarse satisfactorio o frustrante. Si tuviéramos 10 sentidos, los 10 los utilizaríamos para ver, escuchar y saber los resultados urgentemente.



Por todo ello deberá ser experiencia inexcusable e ineludible de todo buen cazador, saber ubicar el proyectil en la zona adecuada de la presa. Tratando que sea la muerte lo más rápida posible, para hacerla menos penosa.



Especialmente, el tiro que produce los mayores resultados es el que va dirigido a la zona del codillo o paleta, detrás del cual están todos los órganos vitales que producirán la muerte inmediata.



Trataré de ser lo más gráfico posible, mostrando por medio de un dibujo las zonas más positivas con el grado de importancia de acuerdo con el número indicado.



La zona número 10 es la más indicada, se puede observar que las últimas zonas afectan órganos importantes, lo que producirá solamente la herida, que ocasionará una larga y cruel agonía, corriendo en forma indefinida e inconstante, para refugiase en lo más espeso del monte, lo más lejos posible del cazador. A esta situación la podemos calificar de frustración.



Que es la caza Mayor



Luego de un tiempo, por lo general tenemos posibilidades de regresar al lugar por la amistad que nos une con dueños o encargados y camperos comentándonos que fue encontrada la presa muerta. En un cañadón o en un sangrador, pajonal o tirado campo afuera, porque no le dio la fuerza para llegar al monte. Más todos los lujos de detalles del lugar.



Es importante saber que se han encontrado presas a doscientos y trescientos metros del lugar del disparo, con el corazón totalmente destruido.


Demás está decir que es una situación incómoda frente a quien lo encontró. Uno les pregunta como descubren los animales muertos, ellos contestan que por los cuervos y caranchos que sobrevuelan la zona.



Entiendo que muchos cazadores no cazan animales quietos, si no que cazan animales en plena carrera, con mucha adrenalina en su sangre. Es verdad que a todos nos gusta hacer un tirito por si pega, con el margen de error correspondiente.



Hay que superar nuestra propia adrenalina y dejarlo pasar si no estamos seguros.



Con los cérvidos deberá tenerse especial cuidado en que el disparo no impacte la zona de los huesos del cráneo y produciendo la ruptura de la base de la cornamenta, perdiendo el trofeo tan preciado y buscado durante tanto tiempo.



El tiro a la tabla del pescuezo cuando impacta tiene resultados instantáneos, siempre y cuando toquemos la médula espinal.



Si tocamos solamente la carne tenemos pocos márgenes de seguridad, lo transforman en un tiro leve, más aún si es demasiado alto o demasiado bajo. Si es en el término medio, podemos tener la gran suerte que cortemos la tráquea y muera con una asfixia lenta.



Como mencioné anteriormente lo mejor es el codillo o paleta, porque detrás de éstas está el corazón, pulmones, las grandes arterias, nervios en general y el caudal de sangre mayor.



Cuando tenemos un tiro defectuoso, tenemos que saber leer la reacción de la presa por su forma de actuar.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

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La funda del cuchillo Bowie

Esta realizada en piel de primerísima calidad, siendo cosida y pegada a su vez. En ella destaca la presilla de seguridad que evita que el cuchillo se desenfunde accidentalmente.



También en ella encontramos un bolsillo donde viene una muy efectiva piedra de afilar, que por su granulación puede ser usada con agua o con aceite. Particularmente recomiendo el agua para evitar que la funda se manche con el uso. No obstante, si somos cuidadosos podemos usar aceite en ella, lo que nunca se debe hacer es usar indistintamente cualquiera de los líquidos, o uno u otro.



Como es la funda del cuchillo de caza bowie



Un consejo para afilar, siempre debemos hacerlo a contrafilo y en este tipo de piedra de tamaño reducido conviene hacerlo con movimientos giratorios. Lo mejor es tratar de fijar la piedra de alguna forma, como por ejemplo en un tornillo de banco de carpintero.



Pero, si estamos en el campo lo haremos sosteniéndola con la otra mano, por tanto, cuando estemos afilando SOLO debemos afilar y NO dedicarnos a otra cosa, pues un tajo es siempre algo molesto, cuando no peligroso.

martes, 18 de noviembre de 2008

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La hoja para el cuchillo

El cuchillo que describiremos es el Bowie Junior, que por ser el más polivalente desde nuestro punto de vista por su largo de hoja y además por ser la oferta de la que los suscriptores de dos años de Arcos y Flechas pueden beneficiarse.



AI igual que todos los cuchillos Aitor, el Bowie tiene una dureza probada de 55 a 58 HRc, ésto lo podemos verificar fácilmente pues en la hoja en su lado izquierdo encontramos un punto dentro de un círculo con la siguiente leyenda: Hardness Control Dureza -HRc-. La dureza de la hoja es idónea para cualquier tipo de uso a que destinemos un cuchillo. Este permite no sólo un buen afilado sino y lo que es más importante mantener un filo cortante. En esto último también interviene el vaciado de la hoja, en el Bowie Aitor encontramos uno de tipo biselado muy adecuado para un cuchillo de este tipo.



Como debe ser la hoja para el cuchillo de caza



Su hoja ha sido tratada con un proceso de acabado llamado "blasting" donde miles de bolas golpean la superficie dándole esa terminación mate y un mayor compactado molecular con lo que se gana en dureza superficial.


En el lomo encontramos unas muescas muy típicas de los cuchillos de mediados del siglo pasado, que su único propósito es embellecer el conjunto del cuchillo. Pasada la mitad de la hoja en su parte superior, ésta se afina en un esbozo de contrafilo. Por su parte, la silueta del filo a la altura de la pala o tercer tercio de la hoja (los tercios se cuentan desde la defensa hacia la punta) se curva dando así la posibilidad de poderse usar para desollar.



Hacia la empuñadura la hoja acaba en la bigotera, ésta sirve fundamentalmente cuando se hace algún trabajo de corte delicado, para empuñar el cuchillo en una posición más avanzada, pues enganchamos en ella al dedo corazón, mientras el índice se apoya en el lomo.



El recazo es amplio y se encastra en la defensa.

martes, 11 de noviembre de 2008

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Caza del jabali

Y así pasó cuando un día lo llamaron de la ciudad de Melo, en el Departamento de Cerro Largo, los amigos de la barra Los Manjarros y lo entusiasmaron para que fuera. Contándonos:



"La cosa estaba brava con ese chancho ya que llevaba comida gran cantidad de ovejas y nadie podía dar con él y pararlo. Como en Melo saben que es sólo llamarme y darme "cuarta vuelta de manija", así lo hicieron y ese mismo viernes me fui hasta allá para unirme a ellos y de allí salir hacia las costas del Arroyo Tarariras. Lamentablemente ese fin de semana no lo pudimos encontrar, aunque sí hallamos rastros y ovejas muertas comidas en singular cantidad. Hasta encontramos ovejas muertas que el dueño de la estancia ni idea tenía de ellas, pero en esa salida no tuvimos suerte y convinimos en volver a ir a los quince días por la revancha.


A las dos semanas volví a salir sólo yo (Fernando Copóla) de Montevideo, para encontrarme en Melo con el Canario Rivero, Arley, el Tico, El Nato Vidal, el Vasco, Carillos Begiústain y el Pastor. Junto a nosotros llevamos unos 14 perros propiedad del Canario Rivero en su mayoría y alguno más. Aquí también sería lindo hacer la aclaración y el comentario de que casi todos los perros del Canario, son unos perros de una raza brasileña que se están empezando a criar para la caza del Jabalí con gran entusiasmo por Melo ya que son bastante buenos; rastreadores, seguidores y aguerridos. Arreadores es la raza o por lo menos como se les llama por Melo.


Fin de semana invernal con unos fríos tremendos y allá nos encontrábamos como tantas otras veces, listos para compartir una cacería.



Acampamos en la costa de un bañado para estar cerca del "mojo" y el primer día, sábado, dimos una vuelta y nada. Poco rastro de chancho arroyo arriba y cuando se nos comenzó a ir el día decidimos pegar la vuelta. Uno siempre piensa que el mañana va a ser mejor, así que con esa idea y bastante cansados nos acostamos no sin antes compartir un buen guisito para reponer fuerzas apretándolo con la santa uva tratada. Al otro día temprano y luego del desayuno obligado nos fuimos arroyo abajo. Desde las 7:00 a las 9:00 todo pasó sin novedad hasta que dentro de un enorme bañado uno de los perros se trenzó con un chancho. Todos nos tiramos de cabeza hacia el lado de la pelea pero lamentablemente el perro estaba solo y no sólo no lo pudo parar, se ligó un tremendo corte bastante feo por un colmillazo, que nos hizo sacarlo de allí para poderlo curar.



La caza del jabalí en Uruguay



Por las cosas del destino, arrimamos hasta allí una camioneta 4x4 con el botiquín para perros que a la postre, aquella, sería de gran utilidad y ya verán el por qué. Ya con esa pelea las cosas cambiaron de color. Seguimos buscando con la sangre en el ojo y fueron muchas las horas que caminamos para no encontrarlo. A las 3 de la tarde acordamos pegar la vuelta porque los rastros habían quedado para atrás, y decidimos volver al lugar donde el perro había tenido la pelea con el chancho.



La sorpresa fue mayúscula cuando al llegar al mismísimo lugar e internarnos en el bañado nuevamente los perros volvieron a pelear con un chancho. Nosotros calculamos que fuese el mismo, que no se había ido porque los perros no lo habían acosado mucho.



Allí por las cosas que tiene ese momento tan especial en donde todo el mundo corre hacia la pelea o buscando buena ubicación para cortarle posibles escapes, la perrada y la gente sin querer se dividieron, unos arroyo arriba, otros arroyo abajo pero siempre sin poder ver al chancho.



Estábamos todos en el medio de las pajas, algunos en lugares que el agua le llegaba a la cintura, cuando alguien empezó a gritar: "allá va el chancho, allá va el chancho" y miramos todos hacia el campo buscando algo en la inmensidad.



La verdad es que por lo grande parecía un ternero corriendo por la cuchilla. Era una mole negra atravesando la pradera hacia el mismo arroyo, ya que éste allí hace una gran curva.



Al estar la perrada dividida sólo llevaba algunos en los cuartos pero ninguno de agarre así que ni soñar de pararlo.



Es allí mismo que tuvimos la suerte de tener la camioneta a mano y el primero que llegó a ella la arrancó y comenzó a manotear gente y perros a la pasada. Ya con todos arriba enfilamos cortando campo a toda máquina para salirle adelante.



Cruzamos dos cerritos yendo por lo derecho y cuando llegamos al monte fue una de tirarse gente que ni te cuento y todos a esperar azapados a lo gato a que apareciera el muchachito de la película. Ese monte con bañado por fuera era su única salvación y nosotros estábamos antes.



Cuando éste asomó derecho a nosotros todos lo pusimos en la mira y en cuanto se le pudo ir haciendo tiros se le hizo siempre teniendo cuidado de los perros.



Llegó a meterse en una mugre pero para suerte nuestra volvió a volcar hacia el limpio acosado por los perros y los tiros.



Con todo ese revuelo y cuando nadie lo esperaba, ¡¡no sale de las mismas mugres otro chancho por dentro de unos campestres del bañado!!.



¡¡¡Milagro!!!. Tanto buscarlos para venir a encontrar uno más de rebote.



Fue un momento de la locura total ya que unos se dedicaron al chancho grande siguiéndolo a tiro limpio y otros se fueron tras la chancha (resultó ser) quedando a dos puntas.



Al grande se le habían pegado dos buenos tiros con unas doce y el mocito como si nada, hasta que el Pastor lo trajo al piso con otro más certero aún y allí sí "correrías terminadas".



A todo eso el otro chancho (chancha), que el destino quiso que estuviera donde no tenía que estar, había llegado a mal fin, para sus propios intereses, ya que disparado por entre los campestres del bañado tampoco había podido zafar a la perrada, la camioneta y los tiros.



La alegría, se podrán imaginar que fue tremenda. Dos buenos chanchos ya cuando los ánimos habían mermado bastante levantan a cualquiera. A las cinco de la tarde vinimos a darnos por satisfechos con "dos en el bolso" y el asunto pelado.



Al chancho le calculamos unos 150 kilos y con una fortaleza increíble, mientras que a la chancha unos 70 con "motor incorporado"; tenían que haber visto la velocidad de la susodicha por entre el bañado.



Las dos piezas para arriba de la camioneta y a festejar que es tarde.



Fotos, chorizada, la cabeza para disecar y la alegría del dueño del campo fueron más que un buen fruto de una hermosa cacería por esos pagos maravillosos de Cerro Largo junto a los muy buenos amigos de la barra Los Manjarros."



Nos habíamos sentado a charlar con Femando y el reloj había corrido como Liebre pero eso no importaba pues enfrascados en la cacería nos habíamos olvidado de todo. Es más, me contó sobre otra cacería por el Tacuarí en donde también anduvieron bárbaro pero quedará para otro número de la Revista ya que esa "es otra historia".



Por ahora a saborear ésta que bien merecida está con dos hermosos ejemplares de chanchos.



Vaya para todos un saludo y será hasta la próxima si Dios quiere.

sábado, 12 de julio de 2008

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Entrenamiento para cachorros de caza

Mientras no haya cumplido los tres años, ningún perro, de la raza que sea, estará todavía en condiciones de superar las dificultades que acarrea una busca por la sangre.


Además del entrenamiento regular con rastros artificiales y pista fría, deberá pasar por muchas experiencias de busca de piezas en el campo para ser realmente eficaz.


Como es el entrenamiento para cachorros de busqueda de caza


Ningún perro nace «perro de sangre», y para que lo sea habrá que empezar la educación del cachorro desde el destete. En una primera fase, se le enseñan las órdenes «ven aquí», «sentado», «tumbado, quieto», «no», y a andar al paso y sin correa; también se ha de procurar inculcarle la pasión y la voluntad de la búsqueda acostumbrándolo a coger pequeños trozos de caza mayor.

Seguir las «huellas» constituye un excelente ejercicio. A la hora de la comida, se traza un rastro recto condujo de 10 a 15 metros con leche al principio y después con vísceras o piel de venado. Al final del «rastro», se colocan trozos de carne; es fundamental que sólo se recompense al perro con la materia que se ha utilizado para colocar las huellas. Alargue las distancias (de 100 metros en adelante) pero no termine nunca con im fracaso para que el cachorro no se desanime.



Cuando tenga cuatro o cinco meses, a razón de mínimo de tres sesiones por semana, el joven perro ya habrá podido memorizar que olor significa «busca = recompensa». De acuerdo con los progresos realizados, se le aumentan las dificultades y se combinan; introduzca en el trazado del reguero arcos más o menos pronunciados y después ángulos obtusos; comience la búsqueda sólo una hora después haber hecho el reguero; a continuación, aumente ese plazo gradualmente hasta seis horas; reduzca los olores utilizando cantidades más pequeñas para trazar el rastro; después, las vísceras colocadas en una red ya no se arrastran sino que sólo se las roza con el suelo cada 20 o 30 centímetros al principio, y después cada metro o cada 2 metros o más con los perros de tamaño grande; por último, se le obliga al perro a ir al viento, es decir, a trabajar contra el viento.



En cuanto el cachorro tenga tres o cuatro meses, también habrá que acostumbrarlo progresivamente a las detonaciones de las escopetas de caza.